
Hoy me ha amargado la mañana un
articulito que he leído en el panfleto reaccionario Libertad Digital. Se
supone que el texto en cuestión es una crítica de cine o algo por el
estilo. La excusa: meterse con Alatriste y aprovechando que el Hudson pasa
por New York, decir que con filmes como estos España se rompe. Por salud
mental, no leo Libertad Digital, pero acabé hoy en ese diario gracias a un
simpático post de Ignacio Escolar titulado “Alatriste, esa película roja y
separatista”.
El artículo al que hace mención Escolar es de un tal Agapito Maestre (dice
el Google que es filósofo, ni más ni menos) y se titula “Alatriste o
Godard”. Empieza el señor Maestre haciendo amigos y diciendo que “la
industria cultural española, de modo parecido a la industria política, es
pura basura. Basura para masas descerebradas”. En esta injuria gratuita,
barata, fácil, nada o mal explicada, entra todo lo cultural para Maestre.
Como para discutir y entrar en materia…
Pero vayamos a Alatriste, de la que dice el articulista y tertuliano de
debates desequilibrados y faltones que “es utilizada constantemente para
introducir mensajes ideológicos tercermundistas y ridículos”. Y vamos a lo
gordo, porque el escritor me descubre una traición a nuestra España que no
había yo percibido en la proyección:
“La película es tan rematadamente mala que ni siquiera logra transmitir
que un Tercio español no se rinde, imbéciles, por mera bravuconería. Eso
es cosa de malos pillastres. Un Tercio español no se rinde para nada, sino
porque aspira a todo. A la gloria. Mamarrachos, políticamente correctos,
un soldado español, aunque no crea en Dios, por el simple hecho de ser
español, es ya católico. Ni la desesperanza, imbéciles, son capaces de
circunstanciar”.
¡NADA MENOS QUE LA GLORIA DE ESPAÑA! A mí la peli me decepcionó, pero no
soporto que una obra con vocación meramente comercial se use como materia
de burda propaganda nacionalista. También me acongojo con lo que han hecho
en Madrid con Pepe Rubianes. No me gusta NADA que se cierren teatros o se
censure, se eche a la calle a compañías porque un actor, usando su
libertad de expresión, se ha cagado en “la puta España”, cuya unidad “le
suda la polla”. A mí España me gusta, pero no cuando resucita o ladra esa
España vieja, reaccionaria, machacante, censora, pacata, ciega e
intolerante que no soporto, que me asquea, que me aburre hasta el bostezo.
Rubianes, actor en el Makinavaja para la tele o en El crimen del cine
Oriente, tan buen y rápido cómico como su colega Carles Flaviá, ha hecho
muy bien en tomar prestadas unas palabras de Lorca contra este
nacionalismo que en pleno siglo XXI todavía cierra teatros: «Yo soy
español (...), pero odio al que es español por ser español nada más. Yo
soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea
nacionalista abstracta por el sólo hecho de que ama a su patria con una
venda en los ojos».
Acabo de poner “Gloria España” en Google y las primeras imágenes que me
han salido son de unos tíos jugando al baloncesto. No todo está perdido.
|
|
|