|
Dicen que cada niño trae un pan
debajo del brazo. Pero ahora, con la moda de la delgadez, (por más que
Cibeles nos quiera vender la burra), lo del pan queda muy trasnochado y
huele mucho a posguerra, cuando ese alimento era tan apreciado que, cuando
caía un trozo al suelo, se recogía, se le daba media sacudida, y tras
besarlo reverencialmente se comía sin cuidarse de gérmenes ni bicho que se
le pareciera. Y los niños se criaban naturalmente inmunizados, y se
apedreaban tan ricamente al salir de la escuela, y acudían a casa con
gloriosos chichones y moraduras, y nunca sospecharon ser víctimas de
bullyng alguno.
Pero algunos niños, al nacer, traen bajo el bracito reformas de la
Constitución, y eso es mucho más original, dónde va a parar. Aunque todo
este sinvivir a cuenta del Embarazo, me recuerda al “Paso de las
aceitunas”, de Lope de Rueda –tantas veces representado en las funciones
escolares de antaño- que apenas se habían plantado los renuevos de olivo y
ya se estaba riñendo por sus frutos.
A mí me da pena por Leonorcita, la verdad. Y por su tía. Será porque ya
desde mi infancia sufrí mucho con aquellas historias de primogénitos
postergados, empezando por las de la Biblia. El que escribió el Génesis
hace hasta a Dios, que debiera ser ecuánime, culpable de favoritismo y eso
que en el Paraíso no había literalmente más que cuatro gatos. Se ve que
Moisés (el supuesto redactor) no le temía al colesterol y le parecían más
apetitosos los corderos de Abel que las lechugas de Caín.
¿Y la astucia de Jacob, conchabado con su madre, para engañar al pobre
viejo chocho de Isaac con las pieles de cabrito...y esa avaricia propia de
banquero, de aprovechar el
hambre de su hermano Esaú para darle el potaje de lentejas a un interés de
usura...?
¿Y qué decir de los cuentos? Siempre era el hijo menor el que encontraba
el tesoro escondido, y la princesa más pequeña la que se llevaba el
principesco gato al agua.
Tiene mala pata eso de que el nacimiento de un hermano la relegue a una a
un puesto inferior en el ranking dinástico. ¿Qué pasa, que en este
escalafón la antigüedad no es un grado?
Pero lo que ya termina de sulfurarme es otra injusticia de grado cósmico.
Plutón, que, aunque pequeño y lejano, era un señor planeta con todos los
requisitos, ahora va a ser excluido del Sistema Solar. ¿Y por quiénes? Por
tres advenedizos de nombres inrecordables que no han hecho más mérito que
estar ahí, medio escondidos, esperando la ocasión de poner la zancadilla
como vedettes envidiosas, y salir ahora a encandilar a cuatro astrónomos
snobs amantes de las novedades.
Según una encuesta, uno de cada tres portugueses vería con agrado la
reunificación de las dos naciones ibéricas. Contando con Portugal, y
haciendo Reino independiente a cada autonomía...hombre, podría ponérsele
Trono a cada uno de los ocho nietos y aún quedarían algunas vacantes para
los futuros, en vista del interés de la Real Casa en paliar el problema
demográfico. Y, andando el tiempo, el juego que daría en la prensa rosa la
política matrimonial de todas esas Casas reinantes en pro de una
reunificación...
Más difícil veo lo de Plutón. Aunque, con buena voluntad por parte del
colectivo astronómico, todo sería posible. Es cuestión de constituir el
Sistema Solar de San Onofre, y donde giran nueve, que giren doce. |
|
|