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Acaba 2006 y Jaén sigue a la cola
de la economía. A falta de que llegue el 31 de diciembre y se cierren las
cuentas regionales, las previsiones de prestigiosos centros de estudios
como Analistas Económicos de Andalucía, vinculado a Unicaja, indican que
este ejercicio tampoco se acortarán las distancias que nos separan del
resto. Mientras que la región crecerá un 3,4 por ciento, igual que la
media nacional, Jaén se quedará en un escaso y preocupante 2,8 por ciento.
Demasiada diferencia si lo que se pretende es que la brecha se vaya
acortando poco a poco. El símil automovilístico puede ayudar a comprender
la situación. Si Andalucía circula a 120 kilómetros por hora y la
provincia lo hace a 100 (un 17 por ciento más despacio), lo que está claro
es que la comunidad siempre llegará antes. Más aun. A no ser que a Jaén se
le ponga un motor mucho más potente, permanecerá por detrás 'sine die'.
Así estamos, con el agravante de que 2005 fue horrible debido al tremendo
parón del sector agropecuario, debido a las heladas y la sequía, y que
mientras que el Producto Interior Bruto (PIB) autonómico se incrementó un
3,9 por ciento (frente a un 3,6 por ciento del resto del Estado), el PIB
de Jaén aumentó un 2,4 por ciento. En definitiva, dos años tirados por la
borda.
Objetivo 1
Todo ello nos lleva a seguir siendo considerados zona Objetivo 1, una
calificación que permite que el grifo de los millones europeos no se
cierre como mínimo hasta 2013, cuando expire el nuevo marco financiero que
se inaugura el 1 de enero de 2007. Para entonces las instituciones
comunitarias confían en que Jaén alcance el 75 por ciento de la renta
familiar disponible (RFD) de la Europa de los 15. En estos momentos
nuestra RFD se sitúa entre el 69 y el 70 por ciento, cinco puntos por
debajo del límite. Andalucía está un poco mejor, en el 71 por ciento
(Gaspar Zarrías aseguraba recientemente que el 75 por ciento se había
sobrepasado en el último trienio). Mientras tanto España ya se codea con
Francia, Reino Unido o Alemania, con el 95 por ciento de la RFD, y la
mayor parte de las autonomías ya han dejado de ser objeto preferente de
atención por parte de Bruselas.
El hecho de ostentar la consideración de 'área de actuación prioritaria'
es lo mismo que decir que seguirán llegando anualmente 300 millones en
ayudas (sin incluir los 421 millones en los incentivos a la agricultura),
unas subvenciones que deben servir para que se construyan más
infraestructuras, para que el campo siga produciendo a tope, para que se
incorporen nuevas tecnologías a los procesos productivos y para que
mejoren los niveles de conocimiento del capital humano.
Todos estos asuntos fueron abordados ayer en el transcurso de unas
jornadas organizadas por el Consejo Económico y Social (CES) en el Centro
de Congresos en las que participaron representantes de la administración,
de los empresarios y de los sindicatos. Según el presidente del CES,
Manuel Parras, Jaén debe sacar partido de las oportunidades que se le
presentan y una de ellas es la explotación de las energías renovables, uno
de los temas clave de la agenda política para el próximo decenio. ¿Cómo se
explica que Jaén exporte biomasa a países como Bélgica, Reino Unido u
Holanda y no la utilice en beneficio propio? «Esto es una de las cosas que
hemos de intentar cambiar» comenta Parras. Y es que vivimos en un
territorio con una riqueza natural impresionante, tanto por las casi
600.000 hectáreas de olivar como por la amplia superficie forestal de los
cuatro parques, que puede propiciar lo que se denomina 'diversificación
concéntrica'. Esto significa basar el progreso en el monocultivo, como
hasta ahora, pero aprovechando todas sus potencialidades. El objetivo es
que Jaén consolide su liderazgo en el sector oleícola. No se trata tan
sólo de vender más envasado y menos a granel para que los valores añadidos
de la comercialización del 'oro verde' se queden aquí, sino que las
500.000 toneladas de ramas que se tiran a la basura se utilicen para
generar combustibles vegetales que sustituyan a los fósiles (tan
denostados por calentar el planeta y producir el efecto invernadero) o
para fabricar parqué o tarima flotante a partir de la madera seca. Estamos
por tanto ante un mercado emergente y la mejor prueba de ello es la
inversión de 670 millones de euros para la puesta en marcha de diferentes
plantas por parte de Valoriza, una empresa del grupo Sacyr Vallehermoso. Y
todo con la ventaja de que se reduce a cero el riesgo de deslocalización
de la actividad, ya que estas sociedades deben permanecer donde se
encuentre la materia prima.
El CES propone un mayor gasto en mejorar la formación de los trabajadores,
más dinero para proyectos de investigación, más profesionalización de la
industria y una apuesta decidida por la sostenibilidad.
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