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Los jóvenes necesitan dos sueldos para comprar una vivienda
¿Os apetece un libro en esta ocasión?
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Todas las Semanas (o
casi) un título |
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Hola muy buenas damas y caballeros, soy Herminio de Las Torres, y me dirijo a ustedes, como cada día, para, más que sugerirles, recomendarles encarecidamente un nuevo título, muy orgulloso por cierto, ya que ayer me enviaron un fax desde nuestra sede en Vistalegre comunicándome que las ventas de Bienvenido Mr. Chance han hecho reventar la bolsa de Ankara. Para que digan que no hay integración. Un par de noches antes de tan grande noticia, me encontraba cómodamente en la cama tumbado, recordando viejos tiempos. Así estuve largo rato, embriagándome con la melancolía que se siente al tener la certeza de que hace tiempo que has perdido la inocencia. Y que, a no ser que te vuelvas loco, nunca volverás a saborearla con tanta intensidad como la saboreaste durante aquellos años. Un poco triste me dirigí a una estantería y ojeé algunos títulos. Destapé una edición azul de bolsillo de “JIM BOTÓN Y LUCAS EL MAQUINISTA”. Siempre había pensado que era un libro demasiado de niños, por lo que nunca reparé en él. Resulta que lo había escrito Michael Ende, el mismo de La Historia Interminable. Leí el prefacio. Este libro es sólo para niños, rezaba la primera frase. El hecho de que hubieran puesto la palabra “sólo”, sumado a que sólo esa frase estuviera en cursiva, me hizo devorar el pequeño párrafo y pasar rápidamente al primer capítulo. En él te presentan a la isla de Lummerland, del tamaño de la mitad de una de nuestras casas normales. Está muy muy lejos de cualquier sitio, y tiene dos montañas, con sus dos picos, con su locomotora, vieja y gorda, llamada Emma, sus raíles, sus cinco túneles, y una pequeña estación, donde vive Lucas el Maquinista. La isla tiene dos casas, una con una tienda, propiedad de la señora Qeé, y la otra, en la que vivía el señor Manga, sin ocupación fija. En uno de los dos picos había un castillo, con su rey, Alfonso Doce-menos-cuarto. Se llamaba así porque había nacido a las doce menos cuarto. La vida siempre es muy tranquila, hasta que un día llega a la isla un paquete misterioso, acompañado de una carta con una inscripción indescifrable. Al abrir el paquete descubren que hay un niño dentro, negro como el tizne, muy pequeño. Lo adopta la señora Qeé, y lo cuida como si fuera su hijo. Siempre se rompía los pantalones por el mismo sitio, y acabaron por coserle un botón. Por eso le llamaron Jim Botón. El pequeño y Lucas se hicieron grandes amigos. Pero pasa el tiempo y Jim llega a la conclusión de que cuando crezca, no cabrá en la isla, y decide irse. Lucas decide acompañarlo, y así se montan en su locomotora convertible, y se adentran en la inmensidad del océano, en busca de un sitio donde vivir. Y a partir de aquí comienza un viaje lleno de aventuras surrealistas y situaciones mágicas e increíbles que te harán olvidar durante un buen rato la mierda en la que, mucho más tiempo del que queremos, nos toca nadar. Un libro sorprendente y entrañable, me atrevería a decir que no para niños, sino para los que, sin querer, han tenido que dejar de serlo, y gustan de viajar en la memoria, no dudando en darse de vez en cuando un chute natural de serotonina. Bueno señores, muchas gracias, y nada, decirles que la semana que viene estará con nosotros la menor de Las Chicas de Oro. Saludos y buen provecho.
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